Es el miedo,
la memoria de perder lo sublime,
de tocarlo y luego no tenerlo más.
No te despiertes,
que nuestras vidas
se detengan aquí
tu cuerpo tibio durmiendo
y yo cubriéndolo,
protegiendo en silencio su sino.
Duerme mi pequeña,
que yo te sigo,
invoquemos desnudos el milagro
que la muerte llegue
y nos lleve juntos
con esta lluvia, hasta el olvido.
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