Es todo culpa del tiempo.
Nos esmeramos en fabricarnos un perfil
un modo, una manera.
Pasamos la adolescencia entera
maquillando nuestra máscara.
Tanto esfuerzo y de repente
aquello que amaste te aburre
y lo que juraste nunca ser -ese rechazar
que te daba un pretexto para seguir,
eso que tanto odiabas -
se muestra tan conveniente,
tan oportuno.
Nuestro destino es convertirnos en lo que odiamos,
el rechazo juvenil no es más que la íntima conciencia
de nuestra esencia. Nos asusta asumirla.
Amamos lo que quisiéramos ser,
no lo que somos.
Es solo cuestión de tiempo.

1 comentarios:
Es hermoso, o al menos me es hermoso por que quisiera ser.
Por ello no me tomo tan a la ligera a Arturo Borda. Parafraseándole: "Respeta a tus menores, porque ellos estarán en mejor posición cuando tu ya no seas nadie".
Un abrazo.
Publicar un comentario en la entrada