
Si llueve sin truenos
es como si no lloviese.
¡Necesito tanto al paroxismo!
No he aprendido aún a querer
a los animalitos ni a las flores
no entiendo la delicadeza
de las mariposas
ni la caricia azucarada
de los osos de peluche.
A mi me gusta la carne
y si está recorrida
de sangre combativa, mejor.
No comprendo a la entrega
como una ofrenda clerical.
Se trata de quitarse la ropa,
de amurallar el pecho,
quemar las manos, descalzar los pies.
Así doy amor;
porque no tengo otra manera.
Protegiendo,
anticipando, mirando
la lejanía, esperando
arder.
Cuando el cielo se rompe, llueve.
Cuando el trueno quiebra la noche
y los faroles,
salgo corriendo a la calle.
La lluvia es pasional.
Un ejercicio de furia,
una eyaculación.

