lunes, octubre 13, 2008

Experimental one

No he vuelto a decirme nunca más tu nombre, al menos no en voz alta, no quiero hacerlo, me duele.

Lo que atrae de la muerte es su maravillosa soledad, ese es su regalo. En este intento de llevar lo terrible de la cotidianeidad hacia lugares en los que no haga tanto daño, he comprobado que este proceso de destilación que es en mi vida el olvido sigue la velocidad y lógica de mecanismos diseñados antes de la rueda.

...saldré a detener el primer tren que se ponga en funcionamiento en Tarija con el pecho...

Recuerdo tus grandes ojos -mientras sonreías bromista fingiendo la voz y persiguiéndome- con miedo. Ese rostro me parece el mejor que puede adoptar la locura... si algún decide ponerse careta.

1 comentarios:

la mujer habitada dijo...

...saldré a detener el primer tren que se ponga en funcionamiento en Tarija con el pecho...


Qué estúpidamente noble. Tanto que hasta podría funcionar.

Te quiero mucho.
Un abrazo grande.